De alguna manera, el capitalismo es un modelo económico que ha tenido gran influencia a nivel global, un modelo de acción individualista; pero en la medida en que las sociedades exigen mayor sustentabilidad en las acciones, el impacto deja de tener ese enfoque y es cuando surge el Emprendimiento Social como modelo de desarrollo económico en una dinámica más colectiva e inclusiva.

Aquel pensamiento de que las acciones tienen impacto sólo en las ambiciones de quien las emprende se ha transformado en los últimos años donde las sociedades comienzan a percibir que el impacto va más allá de la zona de acción y que se traduce en impactos futuros también.

De ahí la idea de sustentabilidad, la necesidad de cuidar hoy para preservar mañana, de consumir responsablemente y de educar pensando en otros, en los daños colaterales. Parece que el tema es una moda, pero la verdadera importancia radica que las generaciones de hoy no pueden actuar sin pensar en las generaciones del mañana en todos los ámbitos.

Como emprendedor, la responsabilidad de cuidar los impactos que nuestros proyectos generan no es un asunto social, es asunto de ética, de valores y de moral.

Construir una sociedad con base en el valor de la sustentabilidad es un reto que tiene un amplio campo de aplicación, porque se tiene todo por hacer y miles de sueños por cumplir a través de emprendimientos creadores de valor que desafíen ese cúmulo de oportunidades dentro de una sociedad.

Si bien es cierto, el rol de emprendedor social no es exclusivo de individuos que habitan en comunidades lejanas y se esfuerzan por brindar oportunidades en entornos de carencias, todos los que participan en una sociedad son responsables de actuar de manera consciente, lo cual incluye al sector público, privado y organizaciones civiles.

La adopción de un modelo de desarrollo económico comienza en la base de la pirámide social, con organizaciones sencillas inspiradas en la fortaleza de ayuda mutua y de cooperación con el fin de mejorar la calidad de vida.

América Latina es la región más emprendedora del mundo, donde países como Argentina, Brasil, Chile y Venezuela poseen el mayor porcentaje de proyectos emprendidos en el campo social. Sin embargo la puesta en marcha de estos proyectos son a raíz de una enorme necesidad en su población, siendo las mujeres el factor de empuje en dichos proyectos, la mayoría de ellas sin educación básica y motivadas por la necesidad.

Estas mujeres transforman la manera de vivir al generar un impacto cultural, ecológico, tecnológico y social en la puesta en marcha de sus proyectos, imagina qué puede hacer un emprendedor que ha tenido la oportunidad de acceder a un nivel educativo superior, imagina lo que puede lograr un poco de conciencia sustentable, imagina que el impacto se multiplique en un esfuerzo económico colectivo y entonces opino que dejemos de imaginar y presionemos “start” porque la respuesta al crecimiento económico sustentable de nuestro país está en la puesta en marcha de proyectos de Emprendimiento Social.

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