MIGUEL CALZADA | El niño nacido como Mario Rodríguez (Ciudad Real, 1987) es ahora un hombre de mirada infantil que se hace llamar Mr. Trazo y vive en Cuenca: Un grafitero rural al que no le gusta el rap y que se crió en Brazatortas, un pueblo de apenas mil almas.

Como a todo buen artista, le sobran ideas y le falta dinero. ¿Quién mejor que él para conjugar el verbo emprender, que según la RAE significa “comenzar una obra, especialmente si encierra dificultad o peligro”?

Mr. Trazo ha conocido el triunfo y el fracaso. Ha colocado su trabajo en galerías de primera línea y también ha sufrido la indiferencia del público hacia eventos colectivos en los que ejercía de líder y organizador. Hizo florecer un auténtico festival de arte urbano y música electrónica ni más ni menos que en Cuenca, una aventura que ahora se marchita por falta de financiación. Ha ganado y perdido concursos artísticos de prestigio. Ha vendido obras y montado una tienda online, pero nunca se ha vendido.

Le encontramos en una terraza de Chueca (Madrid), el barrio gentrificado en el que los grafiteros se alquilan por horas para decorar las rejas de bares y fruterías.

Pregunta. Rebobinemos 11 años. Tiene usted 15. Amanece en Brazatortas (Ciudad Real). El minúsculo pueblo está plagado de grafitis. Los paisanos contemplan esas pintadas y no las comprenden.

Respuesta. Eso era grafiti puro. Salir por la noche y firmar en las cocheras, en los muros, en todo lo que se te pone por medio. Eres un crío y tienes que llamar la atención. La primera vez se armó una buena. Nadie sospechaba de mí. Yo era el niño bueno que no destacaba en nada, el típico chico tímido. Para mí fue una manera de desarrollarme.

P. ¿Le pillaron?

R. Nunca me pillaron y nunca me han multado por pintar en la calle. Con el tiempo dejé de salir por la noche y empecé a pintar a plena luz del día. Me ve la gente, también la Guardia Civil.

P. ¿Cómo descubrió que podía salir por la noche y pintar así en las cocheras, en los muros…?

R. Mi padre era trashumante. Íbamos a Segovia en camiones y al rodear Madrid por las autovías veíamos muchos grafitis. También estaba mi tía, que vivía en Leganés. Nos dejaban con ella para que nos llevase al Prado y al Reina Sofía, pero a mí lo que me llamaba la atención eran las pintadas de su barrio.

P. Y sin embargo ahora reniega de la etiqueta de grafitero y se presenta como artista urbano.

R. Para mí el grafiti es solo poner tu nombre. Por muy bonita que la pongas no puede ser más que tu firma. Ahora hago otras cosas más elaboradas.

P. Y más subversivas. En Spanish God dibujó un dios bicéfalo (Rajoy más Zapatero) que trastea con las casas como si fuesen juguetes de Lego. Obras que luego aparecen en la calle, en medio de un sembrado, en cualquier sitio…

R. No es casual. Si veo un espacio que considero adecuado para una obra, intento conseguirlo. O me apropio de él. Me gusta plantar obras en un entorno rural, junto a un árbol, bajo un puente… Aunque lo vea menos gente, la obra me lo pide.

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P. Y no sólo en medio del campo, ahora mismo expone en una prestigiosa galería londinense. ¿Cómo lo lleva su ego?

R. Son detalles que te animan a seguir.

P. No tiene un ego de rapero…

R. No hay que vincular el rap con el arte de la calle. Yo soy más de música electrónica. A mí el rap que se hace en España no me llena. Hay gente interesante, como Kase O con Jazz Magnetism, pero en general es vulgaridad al máximo. Y bastante vulgaridad tenemos ya por todos los lados.

P. ¿Consigue vivir de su arte uno de los artistas con más proyección de toda España?

R. Sólo en parte. Mi obra me da algo de dinero y lo compagino con mi trabajo como diseñador freelance. Diseño web, decoración de tiendas… Pero no estoy registrado como autónomo. No me sale a cuenta. Tal como está la cosa, los encargos que puedo tener son totalmente imprevisibles.

P. El sistema le anima a que emprenda, a que arriesgue con sus ideas. ¿Qué le responde al sistema?

R. Respondo que llevo casi dos años intentando montar una promotora de eventos de arte urbano. Respondo que en este país hay muchas buenas ideas y nadie que apueste por ellas. Se habla mucho de emprendimiento, pero al final detrás de todo eso no hay nada. No hay dinero.

En este país hay muchas buenas ideas y nadie que apueste por ellas. Se habla mucho de emprendimiento, pero detrás de todo eso no hay dinero

P. Se le nota frustrado. Ha naufragado su idea de celebrar, como el año pasado, un encuentro de artistas en Cuenca.

R. Una iniciativa buena y barata. Un intercambio de ideas, con talleres y trabajo colaborativo. Nutrirnos unos de otros para saber qué piensa cada uno. No solo pintar sino también reflexionar. El año pasado lo financió la Universidad de Castilla La Mancha y una empresa privada. Este año nadie pone un duro. Como mucho nos ceden un edificio, pero hay que comprar algo de material para poder pintar, hay que darle algo de visibilidad al evento… Igual se puede hacer con mil euros, pero ¿quién pone los mil euros?

P. ¿España no es país para emprendedores?

R. En el arte es complicado. En mi caso tengo muchísima mejor acogida en Londres, en Latinoamérica… Aquí los circuitos son muy cerrados. Las galerías las llevan colectivos que promueven su propio trabajo y se apoyan solo entre ellos. Las ves desde fuera y parecen galerías en las que puede exponer cualquiera, pero no es así. Aunque en la calle consigas un reconocimiento muy grande… en las galerías lo que funciona es otra cosa.

P. En Amancio Says You’re Here la toma con Amancio Ortega, el gran magnate textil.

R. La calle es el mejor soporte que tenemos para reivindicar. Es nuestro espacio. En el caso de Amancio no me quedó otro remedio. Había organizado un festival de arte urbano para que los chavales pintasen. Queríamos hacerlo en la calle pero no nos dejaron. Nos obligaron a meternos dentro de un centro comercial. Ya no estábamos en nuestro espacio, estábamos en el espacio de Amancio. Amancio says you’re here se instaló delante del Zara con un mapa en el que Amancio Ortega te ponía en tu sitio: “Usted está aquí”, colocándote donde tienes que estar, en sus tiendas y comprando sus productos.

Amancio

P. ¿Cómo reaccionó el público ante una crítica tan directa?

R. No hubo reacción. La gente entraba a comprar y no se paraba a mirarnos. Iban a lo suyo. Desarmaron nuestro evento porque nos metieron en su envoltorio. Mi proyecto de arte urbano lo metieron dentro de su proyecto de centro comercial. Nos la jugaron. Por eso es tan importante que el arte urbano esté en la calle.

P. Pero cada vez se ve menos arte urbano por la calle y más en los museos, en las galerías… incluso en el cine. Me veo obligado a preguntarle por Bansky, el grafitero más famoso del mundo, con un documental que fue candidato al Oscar.

R. Eso es otra historia. Bansky no es ni grafiti ni arte urbano. Bansky es una institución, un organismo internacional, algo así. Ni siquiera creo que sea una persona física.

P. ¿Se innova en el mundo del grafiti?

R. En el grafiti lo que hay son tendencias. Si ayer era la moda de meter brillos a la letra, hoy es la moda de las firmas abstractas. Pero así no se llega a nada realmente nuevo. El mayor cambio no está en el grafiti sino en el arte urbano, donde se ha dado entrada a la gente del arte en general, sin preguntarles antes si son grafiteros o raperos. Se ha abierto el círculo. Eso es innovación.

El mayor cambio no está en el grafiti sino en el arte urbano, donde se ha dado entrada a la gente del arte en general, sin preguntarles antes si son grafiteros o raperos. Se ha abierto el círculo. Eso es innovación.

P. Varios ayuntamientos plantean grafitódromos, lugares apartados en los que alzar muros para concentrar allí a todos los grafiteros y que así no ‘ensucien’ la ciudad.

R. No van a conseguir nada con eso. Si me pones una pared y me dices que tengo que hacerlo ahí… Eso ya no es ni grafiti ni arte urbano. En todo caso será arte institucional. O decoración comercial.

P. Se le sigue notando algo tímido. Sinceramente: ¿no le entran ganas de salir una de estas noches y volver al grafiti, volver a firmar en todo lo que se le ponga por medio?

R. Claro que sí. Hay veces que estoy de mala hostia y me apetece usar el espray. Pero no en casas ni en cocheras ni en tapias. Me entran ganas de hacerlo en las sucursales de los bancos.

P. ¿Y por qué no lo hace?

R. Porque mi arte es un arma mejor.

Mr. Trazo: “Innovar es abrir el círculo, dejar entrar a gente sin preguntarles lo que son”.

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