La apretada agenda del entrevistado no da más de sí, pero en apenas 10 minutos de conversación, Christian Felber (Salzburgo, Austria, 1972) deja claro cuáles son los postulados de cambio radical que le han posibilitado hacerse un hueco en el panorama europeo con su Economía del Bien Común. “Estamos tocando los corazones de las personas con un modelo económico basado en los mismos valores que hacen florecer las relaciones humanas”, comenta.

Escondido tras esa carita de ángel y aspecto de no haber roto un plato, se expresa en un español perfecto, no en vano es filólogo hispánico de formación -no economista, como piensan muchos-, y hasta se permite el lujo de inventarse alguna palabra como ‘contrapetencia’, en lugar de ‘competencia’.

Si no fuera por la profundidad de pensamiento que reflejan sus afirmaciones, herencia quizás de la cultura centroeuropea, uno pensaría que solo se trata de alguien que ha tenido el acierto de crear un nombre, una marca -en su página web se define como freier publizist (publicista freelance)- que condensa la nueva sensibilidad que viene recorriendo el mundo desde hace una década. Llaman la atención sus imágenes como bailarín practicando ejercicios entremezclados con entrevistas y debates en su web personal. Pero no, hay en Felber propuestas de calado, y más bien trata de aprovechar las herramientas de la publicidad y las relaciones públicas en favor de reivindicaciones sociales.

Gravar las grandes fortunas y las transacciones financieras, mayor gasto público, nacionalizar los bancos “sistémicos” y modificar los estatutos del Banco Central Europeo son algunas de sus propuestas a corto plazo, como miembro fundador de Attac en Austria, para un objetivo de largo recorrido: una economía al servicio de las personas. El problema es cómo ir resolviendo los problemas que nos acucian.

Pregunta. ¿Qué respuestas ofrece a la crisis la Economía del Bien Común?

Respuesta. Una serie de respuestas, empezando por la demanda de más democracia. Tenemos esta crisis porque no hay democracia. Si la hubiera no tendríamos bancos sistémicos, mercados sin control y esta concentración de riquezas y poder, esas desigualdades disparadas. Los bienes públicos tendrían mucha mayor capacidad, incluso habría debates como la limitación del consumo ecológico per cápita, que está muy por encima del umbral justo y sostenible.

P. ¿Por qué no hay democracia?

R. La gente no la quiere con todas sus entrañas. La voluntad de libertad todavía es demasiado débil, porque las mismas personas son las que pueden decidir si ahora queremos luchar por eso. Pero no lo hacen todavía.

P. ¿Qué papel pueden tener aquí la innovación y los emprendedores?

R. La innovación es consecuencia de la creatividad, no hay que incentivarla porque está dentro de nosotros, es parte de la condición humana. Podemos enterrarla y desaprenderla, pero si nos educamos libres y autónomos para afrontar todos los problemas, no hace falta incentivarla. Ni mucho menos la competencia.

P. Pero habrá que generar condiciones que la favorezcan…

R. La mejor condición para creatividad es la libertad, la paz, la cooperación y la inspiración mutua. Está probado científicamente que la ‘contrapetencia’ es un factor estresante y disminuye la creatividad. De momento el sistema solo incentiva aquellas innovaciones que aportan un rédito sobre el capital. Es una desviación perversa de la creatividad humana, porque debería servir a los objetivos de la economía, que es la satisfacción de los derechos humanos, el bien común y la calidad de vida. Para eso debería estar enfocada al 100% la creatividad.

P. Usted propone trabajar desde los municipios, de abajo hacia arriba.

R. Sí, son procesos de concienciación, profundización de la democracia y autoempoderamiento, en el sentido de fortalecer la voluntad de autodeterminación, de libertad y autonomía. Pero también, a través de esta libertad ganada, reescribir las reglas del juego para que la misma economía no agrave las crisis social, de distribución, ecológica, demográfica, de valores… Que la economía apoye al 100% a la sociedad, satisfaga las necesidades y entre en sintonía con el medio ambiente.

P. También habla de la economía como un medio para satisfacer necesidades, que sería su fin.

R. Es un instrumento, y debería estar al servicio de las personas y la sociedad. Y la organización de la economía, las reglas del juego, deberían estar en sintonía con los valores de la sociedad. Tanto de las Constituciones como de las relaciones que permiten florecer la comunidad. Ahora no es el caso porque no hay suficiente voluntad de libertad, y como consecuencia no hay un movimiento fuerte por más democracia. Por tanto no hay una economía al servicio del pueblo.

P. ¿El 15M en España y los movimientos que de ahí salieron no tienen respaldo social?

R. Por supuesto que si, y la Economía del Bien Común es un movimiento más para unirse a ellos y fortalecerlos. A lo mejor ofrecer nuevos instrumentos como las asambleas económicas, monetarias, de educación… Pero en mi análisis, todavía son demasiado débiles.

P. Según dice, la principal barrera es la escasa conciencia.

R. La principal, porque si hubiese esa conciencia, los movimientos se multiplicarían por diez o por cincuenta, y no podría resistir ningún poder, ningún Parlamento, ninguna represión policial. Son demasiado débiles, por grandes que sean. Hay muchos pueblos en los que no pasa nada, y eso tiene que ver con que no existe la voluntad suficiente como para construir una democracia real, para escribir una Constitución por nosotros mismos. Hay gérmenes, es un signo de esperanza, y creo que ya ha llegado el momento para crecer y construir un nuevo ecosistema democrático.

CARLOS GUERRA || Vía La Caja Abierta

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