empresario

Este extremeño de 41 años encara su última etapa al frente de la Asociación de Jóvenes Empresario de Madrid, la más veterana dirigida a emprendedores. Lo hace con una imagen renovada y el GarAJE, la sede, como seña de identidad. Ángel Monroy nació en Badajoz y lleva demasiado tiempo en esto del emprendimiento y la empresa como para dejarse engañar por las modas del momento.

Hace unos meses entró por teléfono en una entrevista de radio, como presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Madrid, para comentar la Ley de Emprendedores que entonces se tramitaba. Al notar su tono escéptico, el locutor hizo referencia a un plan contra el desempleo juvenil, y de nuevo salió al paso. “No sería la primera vez que tenemos un requiebro de última hora”, dijo.

Por esas mismas fechas, varios partidos le invitaron a un almuerzo en el Congreso de los Diputados para conocer su opinión sobre estos temas. “Les hablé, y creo que no les gustó mucho lo que les dije”, recuerda.

Monroy es empresario desde los 18 años y nunca ha dejado de serlo. Su espacio natural son los negocios, su Extremadura natal, la familia y la carretera de ida y vuelta a Madrid. En algún perfil lo describen como miembro activo de la sociedad de Badajoz, apasionado de su ciudad y comprometido con ella. De allí acaba de llegar a la sede de AJE Madrid con un trolley; a la una tiene reunión ejecutiva, y por la tarde se vuelve. “Nunca fue fácil ser emprendedor. Pero al menos ya hay una ley que no sirve para nada, pero que nos nombra”, comenta con sorna.

Lo de joven lo lleva de serie. Llega a la presidencia de AJE Madrid en enero de 2013 después de ser secretario de organización de la Confederación Española de Jóvenes Empresarios (CEAJE). En breve tiene que dejar el cargo, pues los estatutos establecen un límite de edad, pero asegura que su vínculo con la asociación no acabará ahí. Pone como ejemplos a Pepe Barroso, creador de Don Algodón, y Plácido Arango, de Grupo VIPS, que siguen siendo socios después de muchos años.

GarAJE

Barroso fue precisamente el fundador de AJE Madrid, hace más de 25 años, en este local en el barrio de Prosperidad. Hoy le llaman GarAJE, y es de hecho un espacio abierto de 800 metros cuadrados y ocho boxes donde se celebran eventos de todo tipo, incluyendo grandes empresas que lo alquilan para sus eventos. En un cartel de la entrada se puede leer sobre logos de Google, HP y Apple: “Nadie pensó que el mundo pudiera cambiar en un GarAJE”. Dentro, un roll-up del Banco Sabadell se ubica junto al estrado y frente a unas 100 sillas. Oficinas de ONO y Universia ocupan las oficinas colindates. Y ahí, a un lado, el futbolín, símbolo del desenfado en las empresas tech de nuevo cuño. “Nuestro público no es de chaqueta y corbata, sino de zapatillas y vaqueros”, apunta Monroy.

Un 80% de sus asociados tiene relación directa o indirecta con Internet y las nuevas tecnologías. Con una cuota media de 249 euros anuales, ayudan al asociado con una especie de traje a medida, tanto si es un proyecto en fase de idea, como si está más trabajado. Lo llaman la “ITV”.

Porque la falta de financiación es un problema, explica, pero la ausencia de cultura emprendedora también. “Siempre fuimos los últimos de la clase, ahora se nos empieza a valorar”. Sigue habiendo obstáculos burocráticos de todo tipo, como tener que cerrar un negocio y que enseguida llegue una carta de embargo. La estigmatización del fracaso, cuando en otros lugares se premia el haber arriesgado.

“Ayudamos con el plan de negocio, en servicios de financiación, el aval, préstamos al 5,75%, que es un interés bajo para empresas. Ayudamos a presentarlo de manera que los departamentos de riesgo no lo vayan a rechazar. Tener controlado todo esto requiere un alto nivel de profesionalización”, concluye.

Por: La Caja Abierta

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