«No debemos acabar convirtiendo al intelecto en un Dios. Es evidente que su musculatura es muy poderosa, pero carece de personalidad. Y es que su función no es tanto la de dirigir como la de servir».

Albert Einstein

Los líderes de hoy se enfrentan a infinidad de situaciones cada día que prueban que no sólo se requiere de intelecto, sino también de inteligencia emocional, la cual suele ser decisiva en la resolución efectiva de un problema.

Pero ¿qué constituye o conforma a un líder resonante? Gran parte de esta resonancia radica en la habilidad de gestionar la relación consigo mismo y con los demás. Un líder resonante presenta el dominio de cuatro fuerzas fundamentales dentro de la misma inteligencia emocional: la conciencia de uno mismo, la autogestión, la conciencia social y la gestión de las relaciones.

Los mejores líderes son los que utilizan de manera flexible el repertorio del liderazgo. Daniel Goleman, precursor del estudio de la inteligencia emocional nos dice que los grandes líderes son personas que saben manejar las emociones. Su éxito no depende tanto de lo que hacen como del modo en que lo hacen. Si un líder carece de la capacidad para encauzar las emociones adecuadamente, nada de lo que haga funcionará como es debido.

El liderazgo resonante es un tipo de resonancia que sintoniza con los sentimientos de las personas y los encauza en una dirección emocionalmente positiva. Algunos de los signos más evidentes del líder resonante es el optimismo y el entusiasmo que exhiben sus subordinados. La resonancia amplifica y prolonga el impacto emocional del liderazgo.

Este tipo de líderes sabe movilizar en los demás el estado de ánimo más adaptado a las circunstancias, utilizando su empatía para sintonizar con el tono emocional de sus subordinados.

En el siguiente post hablaremos más a fondo sobre las competencias que conforman a un líder resonante.

@ceciliaeinstein

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