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Ocasionalmente en el desarrollo de una empresa nos preguntamos si lo que hacemos está bien o mal; en ocasiones surge la duda sobre si “A” o “B” acción es correcta o no, y carecemos de elementos para evaluarla.
A continuación, enumeraré un par de principios que nos ayudarán a evaluar nuestras acciones, no sólo en la empresa sino también en la vida diaria.
Los principios son universales y deben distinguirse de las opiniones, puesto que los principios son permanentes y las opiniones son modos personales de hacer las cosas; no sólo pueden variar sino que a veces son enteramente variables.
El director de cualquier empresa, debe saber que una empresa no es específicamente buena si genéricamente no lo es (por ejemplo una empresa que es reconocida mundialmente, pero que no paga lo justo a sus colaboradores) y que la misma empresa no puede ser buena si no lo son los hombres que la componen (supongamos la misma empresa reconocida mundialmente pero que internamente sus trabajadores son deshonestos, extienden sobornos, etc.); que la bondad del ser humano se rige por el cumplimiento de los principios que se desprenden de su misma naturaleza.
Si bien pareciera casi imposible seguir todos estos principios en su totalidad; son un camino para emprender de manera recta y honesta; es muy fácil seguir el camino fácil (de la corrupción por ejemplo), pero no nos asegura la permanencia de la empresa en el futuro; no obstante de todos los demás retos que se deben seguir para mantener una empresa a flote de manera estable y sustentable. De igual forma, si se desea crear una empresa “buena” se necesitan “buenos” colaboradores para que juntos creen tal sinergia de bondad.
¿Cuántos de estos principios aplicas actualmente en tu empresa? ¿Cuántos en tu vida diaria?
Fuente: “Dilemas éticos de la empresa contemporánea” – Carlos Llano Cifuentes – Capítulo III. Principio.
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